Niños muertos

Se llamaba Alí Dawabsha. Murió el pasado uno de agosto carbonizado, con algo más de un año de vida. Era palestino. Varios colonos israelís quemaron su casa en la localidad de Duma, en Cisjordania. Alí murió abrasado por las llamas. El supuesto colono autor del incendio, ha sido condenado a seis meses de arresto domiciliario. La foto de su cuerpo era la de un pequeño bulto envuelto por la bandera de su país. No ha salido en todos los medios constantemente. Ser niño y morir en Palestina es lo normal.

Eran cuatro menores de Gaza, de la familia Bakr. Murieron el verano pasado en la playa de la franja, cuando jugaban al fútbol en la arena y un avión israelí decidió bombardearles con varios obuses “al ser confundidos” con terroristas. Tenían entre nueve y once años. La foto mostraba la atroz imagen de un niño, boca abajo en la arena, con la mitad de su cuerpo destrozado por los proyectiles. No salió de forma constante en todos los medios de comunicación. Ser niño y morir en Palestina es lo normal.

Eran diez niños. Todos menores y afganos. Murieron el pasado abril de 2013, cuando un avión de la OTAN bombardeó una pequeña aldea rural. La foto mostraba varios cuerpos de niños y niñas, tumbados, con los ojos cerrados, como en mitad del sueño. No salió durante días en los medios de comunicación. Ser niño y morir en Afganistán, también es lo normal.

Centenares de niños, iraquíes y sirios, han sido decapitados en decenas de localidades de ambos países por el Estado Islámico. Por ser cristianos. Estos tampoco han ocupado las portadas de los periódicos y los titulares de los telediarios. Porque ser niño y morir en Siria y en Iraq también es lo normal.

Aylan, niño kurdo/sirio. También era menor de edad. Apareció ahogado en una playa del Egeo. Huía de la guerra y de los monstruos que Occidente y la OTAN han creado en Oriente. Este pobre niño ha ocupado portadas, artículos y telediarios. Porque morir al otro lado del Mediterráneo no es lo normal. Por eso todos los gobiernos occidentales han tenido que fingir espanto, lástima y horror. Por eso se ven obligados a acoger a miles de niños como Alí, como los de la familia Bakr o como Aylan, con los que, además, tapar y disimular sus vergüenzas.

Por eso, estos gobiernos siguen y seguirán vendiendo armas a Estado Islámico, siguen y seguirán bombardeando estas regiones. Siguen y seguirán vendiendo infraestructura militar y apoyando a Israel. Siguen y seguirán vallando fronteras. Y seguirán muriendo niños y más niños, niños y niñas como Aylan. Pero lejos, no en nuestras costas. Porque ser niño y morir en Palestina, Siria, Iraq y Afganistán sigue siendo lo normal.

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