Formación profesional, machismo y clasismo

La semana pasada salió a la luz el plan que tiene el gobierno del Partido Popular de crear una FP de Actividades Domésticas y Limpieza de Edificios, que rápidamente salió en los titulares de varios periódicos como El ministerio se planea crear una FP básica de amas de casa y cositas del estilo. Incluso algo parecido publicaron algunos medios alternativos, que en teoría se diferencian de los convencionales por tener una visión y horizontesf468cb43492bbe589e5422d1ab484afa algo más amplios. Los comentarios de este tipo también los repitió mucha de esa gente que se autodenomina de izquierdas, pero que rebosa machismo y clasismo a mansalva, mucho más del que todos destilamos de vez en cuando sin
querer o sin ser conscientes. Y por supuesto, también salieron burlas de los pijazos que no han cogido una escoba en su vida, indignados porque ahora va a hacer falta estudiar hasta para limpiar. “FP para amas de casa”. Quizá fuese por desconocimiento y por no haber leído el título real (repito, Actividades Domésticas y Limpieza de Edificios), pero no; la mayoría de los que dijeron esto se nutrieron de esa percepción que revuela en el imaginario colectivo y que reduce los trabajos de casa y de limpieza a las mujeres.

Porque esas profesiones, la de ama de casa, que históricamente ha llevado a cabo la mujer de forma gratuita; y la de mujer de la limpieza, la de asistenta, la de sirvienta y la de chacha, que solo tienen acepción en género femenino y en algunos casos desprende un desprecio absoluto, han estado desempeñadas siempre por ellas. Sobre todo por mujeres pobres. Hace unos años recaía en aquellas que emigraban del campo a la ciudad para limpiar en las viviendas de los ricos, esas casas que tenían una puerta reservada para el servicio, y así dejar claro desde el principio que cada estatus social tenía un lugar asignado por el que pasar. Ahora recae en esas mujeres de clase baja que limpian empresas, oficinas y grandes edificios. Mujeres migrantes, mujeres sin estudios; porque es una profesión fácil, que cualquiera puede hacer y que no es necesario regular, no vaya a ser que tengan derechos, salario digno y jubilación.

Es cierto que el gobierno, en este caso del PP, no va a hacer nada porque esta labor deje de considerarse únicamente femenina y deje de ser menospreciada. Es cierto que al gobierno se le pela la dignidad y las condiciones laborales de este trabajo, de la misma forma que es cierto que una supuesta regulación no va a traer derechos a sus profesionales. Pero este no es el debate. Tampoco disfrutan de estos derechos quienes estudian una FP de mecánica, una carrera de magisterio o filosofía o un módulo de electricidad, y nadie se plantea que deban dejar de existir.

El debate aparece cuando llegan las burlas. Aparece entre las molestias y entre los picores que le han entrado a más de uno al enterarse de que hay quien considera que las actividades domésticas y la limpieza son una profesión más, tan digna, necesaria e importante como cualquier otra. Venimos de años y años de desprecio hacia estos trabajadores, y sobre todo trabajadoras, que visten mono azul o verde y que parece que forman parte del mobiliario 93107584de las grandes superficies y edificios que limpian. Años de no saludar a quien quita la mierda que soltamos, pero sí saludar a quien te cruzas en el pasillo y viste con corbata. Años de pisar el suelo recién fregado en la cara de quien está currando, cuando a nadie se le ocurriría incidir en el trabajo de una de esas labores consideradas altas por la sociedad. Años de mear fuera del retrete en la universidad de Ciencias Empresariales o de no tirar de la cadena de la cisterna, que ya vendrá alguien a limpiarlo. Años de estar sentados en el banco del metro y levantar los pies con desprecio para dejar paso a la fregona. Años de tirar basura al suelo, que en un rato vendrá alguien con la escoba.

Pero lo cierto es que, por mucho que les joda a algunos, esta es una profesión más, con sus dificultades, sus conocimientos, sus aptitudes y sus derechos. Una profesión que merece ser regulada, que merece un salario digno, unas condiciones laborales, una baja por maternidad, paternidad o enfermedad, unas vacaciones, un convenio y una jubilación justa. Me gustaría ver a quienes se ríen de esta labor y la menosprecian, teniendo que ejercer en ella durante unos días. Teniendo que acostarse a las cuatro de la mañana o levantándose a las cinco para que los suelos estén relucientes a las nueve de la mañana, cuando llegan los trajeados y el resto de trabajadores a sus puestos. Teniendo que aguantar horas de pie limpiando paredes y baldosas o teniendo que saber escoger entre un producto de limpieza u otro dependiendo de lo que toque fregar. Quizá descubrirían que hay conocimientos que no se imparten en la Universidad de Empresariales o en los másteres de Administración de Negocios. Quizá descubrirían que tiene más dignidad quien barre los suelos y plancha la ropa que el jefazo que ni se digna a dar los buenos días a la persona que limpia su despacho o dobla sus camisas y cuelga sus corbatas.

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