El Primero de Mayo se merecía algo mejor

Estos días, cuando deberíamos estar sin ningún descanso preparando el Primero de Mayo, solo se ven coches y autobuses repletos de tiendas de campaña, neveritas, sacos de dormir y esterillas dirección a Albacete. Y es que, aunque a muchos les jodan estas líneas, el refranero castellano pocas veces se equivoca, y quien se pica ajos come. Se me ocurren pocas formas de desprestigiar tanto y más una fecha histórica emblema de la clase trabajadora, fruto de años y años de lucha que si bien deberíamos reivindicar y recordar siempre, mucho más tendríamos que hacerlo en los tiempos que corren.

Cualquier festival que elija el puente del Primero de Mayo como fecha para celebrarse no hará más que contribuir a propagar el gas del inmovilismo, de la pausa y de la despolitización. De hecho, durante la dictadura franquista, era frecuente que cada año el Primero de Mayo ‘coincidiese, casualmente’ con eventos deportivos y otros espectáculos. Si esto ocurriese con un evento totalmente alejado de las posiciones reivindicativas de la ‘izquierda’ y del postureo político, no pasaría nada nuevo; que total, de desmovilización y olvido de nuestros orígenes y raíces vamos bien servidos. El problema llega cuando el jodido festival lo mueve una organización que se considera rompedora y que avisa a grupos con mensajes políticos que hablan del orgullo de clase y de la importancia de la lucha, entre otras cosas.

Ay, esos grupos. Haciendo negocio el Primero de Mayo, cobrando miles de euros por actuar en un escenario repleto de publicidad de grandes empresas como Ron Negrita, Red Bull o Control. Grupos que año tras año contribuyen a que la propia compañía que organiza el jodido Viña Rock, una empresa exactamente igual que las anteriores, se haga más y más rica, y pueda ir subiendo el precio de la entrada edición tras edición, con precios que oscilan desde los 30 a los 80 eurazos. Grupos que, con el alcance que tienen entre la juventud, en vez de posturear ante el micrófono, podrían ser coherentes con aquello que dicen y llamar al boicot de un evento desmovilizador que vomita sobre décadas y décadas de lucha, y dejar de colaborar con un festival que hace que cerca de 200.000 jóvenes se emborrachen en los campos de Villarobledo en esta fecha tan señalada, manchando sus reivindicativas camisetas de vino y de cerveza.

Esta pequeña reflexión va por ellos. A quienes quieran cogerla, que quizá reflexionen sobre el tema y valoren qué debe ser más importante en una fecha como esta, si estar en los campos de este pueblo o pisar las calles junto al resto de trabajadores y trabajadoras que conmemoran el pasado y luchan por el futuro en este día. A quienes les pique, que sigan yendo a este festival, pero que al menos dejen de ir el resto de días del año de algo que no son y que, por supuesto, les queda demasiado grande y lejos.

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